“Mi hijo fue un daño colateral”

“Mi hijo fue un daño colateral”

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4 de diciembre del 2011

Justicia pendiente

  • Con su mejor amigo
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Por Guadalupe Lizárraga

LOS ÁNGELES.- Alejandro Esteban Montañez tenía diez días de haber llegado a la ciudad de Chihuahua cuando lo acribillaron. Fue el 18 de abril de 2011. Abogado de profesión, con 31 años de edad, estaba a punto de casarse con una joven de Oaxaca. Había llevado una vida de éxitos, cuenta su madre, Teresa Sánchez. La universidad, el deporte, su profesión: “Un hombre bueno, inteligente y bien educado”. Construía lo que sería su nuevo hogar en esa ciudad. Ese día tenía una cita para un nuevo empleo. 

Iba acompañado de un joven albañil y estudiante de preparatoria, Javier Morales Franco, de 18 años, quien trabajaba en la construcción de su casa. Alejandro lo llevaba a su domicilio, donde vivía con su madre Lucía Morales Franco. Los sorprendieron dos camionetas disparando indiscrimandamente con armas de alto poder. En esa misma avenida han asesinado a otras 13 personas en diferentes fechas del mismo año. Teresa, la madre de Alejandro, reclamó justicia para su hijo, porque no hay ningún responsable de esos asesinatos, y envió una carta al presidente Felipe Calderón. Pero los funcionarios de la dependencia de gobierno,  sólo le dijeron que su hijo era un “daño colateral”. Calderón, hasta ahora, no ha respondido su carta.

C. Felipe Calderón

C. José Francisco Blake

C. Marisela Morales

A la opinión pública:

“El día 18 de abril, mi hijo Alejandro Montañez Sánchez, de 31 años de edad, fue asesinado en la ciudad de Chihuahua, Chih. Un joven profesionista, limpio, buen hijo, con un futuro prometedor por delante, sucumbió ante el ataque de un grupo armado que cortó de tajo su vida  y, como madre, me sumergió en el más triste de los dolores y en la más lacerante impotencia.

¿Qué hacer ante esta violencia que cada día llena más hogares de dolor; que cada vez riega las calles con sangre inocente y no de los criminales que se disputan la supremacía de las “plazas”, ante la mirada de complicidad de las policías y gobiernos locales?

México vive hoy un estado de guerra. La batalla emprendida en contra del crimen organizado parece ser más obsesión personal de la oligarquía en el poder, que de una verdadera lucha por restablecer el Estado de Derecho y la legalidad. Los sicarios se han volcado en contra de inocentes, algo inimaginable siquiera, en las mafias criminales de antaño. Se han exterminado familias completas. Niños han sucumbido ante las armas de alto poder, y hay en la sociedad mexicana un terror cerval a denunciar, porque existe la sospecha de la colusión de los criminales con las mismas autoridades. Nos quedamos callados, ahogándonos en el dolor de la pérdida de nuestros seres queridos, y en la impotencia de no poder luchar en contra de esta escalada impune, en donde los casi cuarenta mil muertos en esta guerra infame, sólo forman parte de estadísticas.

He sido una mujer que ha sacado adelante a sus hijos, trabajando a brazo partido; sin desmayo ni tregua. Les di a mis hijos –eran dos, ahora sólo me queda uno– la oportunidad de ser gente de bien, profesionistas responsables y honestos. Pero hoy, un grupo de criminales que pueden pasear por doquiera su cobardía y sin que nadie llame a cuentas, me ha arrancado algo de mí misma.

Contra natura di a mi hijo sepultura. ¿Es esto acaso lo que tanto anhelamos los mexicanos, que los padres entierren a sus hijos y que vidas que apenas florecen, tengan que extinguirse en el ocaso de la impunidad y la violencia criminal? ¿Es éste el México que enseñamos a amar a nuestros hijos, el de las balaceras, las ejecuciones, las cabezas cercenadas y el terror, que han impuesto los capos, los sicarios, los mercenarios, que cada día dice el gobierno está exterminando, cuando todo mundo sabe que el índice de criminalidad crece más?

El mejor homenaje que le puedo hacer a Alejandro es elevar mi voz. Sé que predico en el desierto, que mi voz sonará hueca ante la abulia y sordera gubernamental, y aún ante la indolencia de la misma sociedad civil. Ha sido nuestra cobardía lo que ha hecho el caldo de cultivo para este clima de impunidad; ha sido el silencio de muchas madres, lo que ha permitido que día a día, noche a noche, sean asesinados por todo el país, cientos y cientos de jóvenes. ¡Ya basta!, basta de tanta sangre. ¡Ya basta!, de tanta violencia infame, que en su ambición de más poder, han instrumentado los capos de la droga, y las autoridades que les siguen el juego.

El mejor homenaje a nuestros hijos es pedir justicia; exigir al gobierno que tiene la obligación de mantener el Estado de Derecho, a dar respuesta a cada una de las madres que hoy y siempre habremos de llorar a nuestros hijos muertos, y que con su sangre inocente han abonado este país de ignominia.”

ATENTAMENTE

María Teresa Sánchez Wolf,

Oaxaca, Oaxaca.

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